La ciudad platónica

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La auténtica utopía platónica no es una ciudad en las nubes, sino una comunidad estética en la tierra.

Una comunidad estética es aquella capaz de sentir de manera tal que lo que siente cada ciudadano puede ser comprendido por otro de manera inmediata. Esta creo que es la idea básica de República 462 a-c, donde se defiende que la ciudad, antes que otra cosa, debe ser una. Y mantenerse unida es su mayor bien. Pero lo que mantiene la unión (syndeî) es la comunidad (koinônía) de alegrías y penas, es decir, la capacidad de los ciudadanos para gozar y afligirse de manera parecida ante los mismos hechos felices o desgraciados.

En este mismo sentido leemos en las Leyes que no hay mayor bien para las ciudades que el que los ciudadanos resulten conocidos entre sí, sin que haya tinieblas entre ellos. Por eso todos deben procurar no presentarse falsos ante los demás, sino sencillos y verídicos (Leyes 738 e).


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Kafka sobre Platón

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Gustav Janouch, Conversaciones con Kafka:

Hablamos de las leyes y de la ciudad ideal de Platón cuyo texto había leído en una edición de Eugen Diederich. No me parecía bien que Platón pretendiera expulsar a los poetas de su ciudad ideal.

Kafka dijo: "Es perfectamente comprensible. Los poetas intentan sustituir por otros los ojos de los hombres para cambiar así la realidad. Eso, en el fondo, los convierte en elementos peligrosos para el Estado, ya que aspiran a trasformar. En cambio, tanto el Estado como sus sumisos servidores sólo aspiran a perdurar.
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Tecnología y darwinismo

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¿Qué quieren que les diga?
¿Qué cantidades industriales de abisales traumas infantiles tiene que acumular una persona para diseñar, en pleno uso de razón, semejante estropicio genital? Evidentemente no parece el artilugio más adecuado para salir victorioso en la lucha por la supervivencia.
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Ayer el bebé tosió

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Ayer el bebé tosió.
Y claro, lo llevamos a urgencias.
El pediatra lo auscultó de arriba abajo y nos dijo que eso no era nada.
Sin embargo había tosido.
¿Que tosa un niño de quince días no es nada?
Nos dijo que no, nos aconsejó evitar las prendas de lana cuando lo tengamos en brazos y nos mandó para casa.
¡Porque es un pediatra de toda confianza, que si no...!


Por cierto, hoy el Café de Ocata ha superado las 500.000 visitas. Y digo yo: ¿A qué espera el señor alcalde para felicitarme? ¿Alguien en la historia de Ocata ha hecho más que este Café por el turismo?

Gracias. Muchas gracias a todos.
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Cuenta Al Farabi...

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... que en una ciudad gobernada por un cruel déspota vivía un hombre honesto, piadoso y asceta que, sintiéndose objeto de la ira del tirano, decidió exiliarse.

Como en aquella ciudad el miedo había convertido a los ciudadanos en delatores, pronto llegaron a oídos del tirano las intención del hombre honesto. Ordenó a sus guardias que de ningún modo le permitieran abandonar la ciudad.

El
hombre íntegro decidió entonces disfrazarse de vagabundo, y tocando un tambor se presentó en una de las puertas de la muralla, cantando como si estuviera borracho. Cuando el guardia le preguntó quién era, dijo que era el honesto y piadoso asceta que quería huir del poder del tirano.

El guardia lo dejó pasar sin creer lo que decía.
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13 D

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He vivido el día de hoy como un navarro residente en Cataluña. En una Cataluña, me apresuro a añadir, que me ha acogido siempre cordialmente, en la que tengo mi casa, mis amigos, mis hijos y mi nieto, mi gata y la parte de horizonte marino que me corresponde como vecino de Ocata. Aquí me gustaría acabar enterrado. He intentado vivir este día con el máximo respeto, queriendo comprender cordialmente cuanto veía y oía. Ha habido cohetes a las 9 de la mañana y silencio a las 9 de la noche. No puedo quitarme de la cabeza una sospecha que espero que no moleste a nadie y que, en todo caso, no va dirigida contra nadie: me parece que los catalanes son expertos en entender la política como el arte de la frustración. Quizás por esta razón hay tan poca gente en Cataluña que se declare abiertamente conservadora.

Releo el apunte y añado: la política en Cataluña, alternativa 2: el arte del circunloquio.
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Pedagogía y farmacología

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No hace falta ser muy avispado para constatar que si hace unos años las escuelas tenían un botiquín, ahora comienzan a necesitar un ATS en plantilla. En algunos países ya están incorporados.

Son muy heterogéneos los factores que explican la deriva terapéutica de la escuela, desde el incremento de todo tipo de alergias entre los niños hasta la misma práctica de la comprensividad, que da por bueno que todos los niños tienen cabida en el aula, sea cual sea su estado físico. Está además el dogma psicopedagógico imperante, que considera que la bondad natural del niño debe salvarse contra todas las apariencias contrarias y por ello postula que el fracaso escolar (académico o conductual) no debe achacarse al alumno, sino a la sociedad o a la institución escolar. El niño con problemas es visto, en la práctica, como un niño afectado por un mal que le ha caído encima y por eso está necesitado de tratamiento.

Los niños con déficits de atención van en aumento. En algunos casos parece haber razones poderosas de tipo biológico que explican su hipermotilidad (ahí está el síndrome de hipermotilidad con pérdida de atención), pero en otros casos, en la mayoría, la falta de atención es, simple y llanamente, una falta de habituación. Y en la escuela, como en todas partes en a vida, el hábito hace al monje.

La técnica pedagógica que a lo largo de los siglos hemos seguido en Europa para fomentar la educación de la atención profunda, ha sido la lectura. No la lectura superficial, sino la lectura lenta de la que habla Nietzsche en el prólogo de Aurora, una lectura que exige un esfuerzo de concentración y una habituación a la resistencia contra la distracción. Claro está que para que tal lectura sea interesante el texto ha de tener una cierta densidad, que es lo que le falta a la casi (quiero ser generoso) totalidad de nuestra literatura infantil. Nuestros niños no leen literatura, sino pasatiempos literarios infantiles. Por eso cuando llegan a la adolescencia abandonan sus lecturas de niño y las sustituyen por las consolas.

Curiosamente hemos abandonado la práctica de la lectura como práctica de la educación de la atención en un momento en que nuestros jóvenes pasan -según las estadísticas- seis horas diarias delante de una pantalla (del ordenador, del móvil, de la tele, de la consola). Hay estudios suficientes para sospechar que la pantalla puede educar en muchas cosas, pero no en la concentración de la atención.

¿Cómo podemos educar en la atención si hemos abandonado las prácticas pedagógicas que lo permitían?
No podemos.
Por eso estamos abandonando la atención en manos de la farmacología, que está ganando cada día puestos como el aliado predilecto de la pedagogía.

Escribo todo esto, sin duda apresuradamente, tras leer un artículo que me ha parecido de gran interés en el New York Times, "Poor Children Likelier to Get Antipsychotics".

¿Llegará el tiempo en que los niños ricos vayan a las escuelas y los pobres a las farmacias? La pregunta es, claro, retórica. Pero algo de esto está comenzando a dibujarse en Barcelona. Las escuelas más elitistas están educando a sus alumnos en la responsabilidad, están fomentando la lectura profunda, refuerzan las materias básicas, dan una importancia enorme a la disciplina (aquello que antiguamente se llamaba urbanidad, ¿recuerdan?), los estimulan para ser ambiciosos y pensar en las mejores universidades del mundo, mientras las escuelas públicas parecen incapaces de sobreponerse a su perplejidad: la realidad les está estallando en la cara y aún no saben por qué.

En unas jornadas recientes sobre educación y empresa, un importante empresario catalán y directivo de una asociación empresarial, sostenía que prefería importar trabajadores extranjeros que contratar a los jóvenes que salían de la formación profesional. Por dos razones básicas: porque su formación era mejor y porque no estaban infectados por la cultura del escaqueo laboral.
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