A vueltas con la corrupción

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I
Comienzo a pensar que una sociedad democrática está realmente corrupta cuando cualquiera de sus ciudadanos se siente moralmente superior a todos sus políticos.

II
Una democracia debería ser también un hacerse cargo colectivo de que no hay soluciones definitivas para la política, por ejemplo porque cada actuación bien intencionada tiene, como los mejores medicamentos, efectos secundarios (y con frecuencia en política son completamente imprevisibles).

III
Se extiende la idea de que hay una solución milagrosa contra la corrupción: la modificación del sistema electoral. La convicción, bien intencionada que la sustenta, es que cuanto más próximo esté el poder político al ciudadano, menos posibilidades hay de corrupción. Creo que convendría pensar antes de establecer conclusiones excesivamente optimistas sobre las ventajas de la proximidad, en nuestra reciente experiencia municipal. Los ayuntamientos se han lanzado con más alegría que nadie a la economía del ladrillo porque les permitía obtener ingresos magníficos para hacer promesas insensatas, que han lastrado los presupuestos municipales para las próximas décadas de forma grave.

El ciudadano no tiene ninguna garantía de pureza por ser ciudadano. Y por lo tanto, la proximidad al ciudadano, en sí misma, tampoco.

IV
El sistema electoral británico no ha impedido la corrupción de sus parlamentarios. Más aún, cuando se les ha exigido la devolución del dinero que han cobrado de manera abusiva, algunos han preferido dejar su escaño antes que el dinero.

V
Josu Jon Imaz, hablando de la creación de circunscripciones electorales, ponía en guardia, aquí mismo, en Barcelona, hace unos meses, contra la ingenuidad. ¿Seguro que es siempre más conveniente que los cargos electos sean más fieles al electorado que a sus partidos? Ponía el ejemplo de la Alemania de Helmut Kohl, especialmente pertinente estos días de celebraciones murales. En contra de la opinión de la inmensa mayoría de sus ciudadanos y de la mayoría de su propio partido, Kohl se atrevió a ser impopular y a aceptar el despliegue de los llamados "euromisiles" de EEUU en su país tras la modernización por parte de la URSS de sus misiles (los SS-20). La valentía de Kohl fue decisiva para el derrumbamiento del muro. Él, y no los pacifistas, tenía razón. Fue el alejamiento del deseo inmediato de sus ciudadanos lo que se demostró, en este caso, inteligente.
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Don Cógito en Ocata

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Hoy martes nos ha visitado Don Cógito y, evidentemente, no ha decepcionado. Nos ha contado, por ejemplo, lo que piensa del infierno:

El más bajo círculo del infierno. Contra la opinión generalizada no lo habitan ni déspotas,
ni matricidas, ni quienes rondan tras el cuerpo ajeno. Es el asilo de los artistas, lleno de espejos, instrumentos y retratos. A primera vista, la más confortable sección del infierno.
sin alquitrán, fuego o torturas físicas.
Todo el año se celebran aquí concursos, festivales y conciertos. No hay temporada alta. El lleno es permanente y prácticamente absoluto. Cada trimestre surgen nuevos rumbos y,
según parece, nada está en disposición de detener el triunfal avance de la vanguardia.
Belcebú ama el arte. Jáctase de que sus coros, sus poetas y pintores ya casi sobrepujan
a los celestes. Quien tiene el mejor arte, tiene el mejor gobierno -por supuesto. Pronto podrán
medirse en el Festival de los Dos Mundos, Y entonces veremos qué queda de Dante, Fra Angelico o Bach.
Belcebú apoya el arte. Asegura a sus artistas paz, buena pitanza y estricto aislamiento de la vida infernal
Zbigniew Herbert, 1974
Traducción de Xaverio Ballester.

No ha sido mala compañía la de Herbert. De hecho creo que estamos en racha. El mes pasado nos visitó Philip Larkin. Hoy
Manuel Bellmunt nos ha presentado su traducción de "Un bàrbar al jardí" (Editorial labreu) y Miquel Adam y yo mismo hemos leído algunos poemas. Me parece que Miquel estaba un poco decepcionado. Yo le había dicho que quizás aparecería Aida C. R. y ha sido que no.

Por si todo esto fuera poco, Mercedes Delclós, en plan rompe y rasga, nos ha recitado y cantado sus poemas, dejándonos, como siempre, prendidos de su sinceridad.

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Un poco de terapia para egos melancólicos...

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Como el otoño ya anuncia el invierno y las nieves andan dando guerra por los telediarios, contra el ego aterido nada mejor que un masaje existencial:
1. Haz clic en la dirección de abajo
2. Introduces tu nombre y tu apellido
3... y la gloria.

http://www.monfestival.fr/

(gracias J.)


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Dewey y la escuela de Chicago

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¿Las teorías pedagógicas que defienden una concepción optimista de la naturaleza humana... cuántos fracasos pueden soportar? Me hago esta pregunta pensando en Dewey, un fenomenal optimista antropológico, que, curiosamente, ha tenido mucha más audiencia en Europa que en los Estados Unidos. En Norteamérica sus ideas pedagógicas fueron barridas por la conmoción provocada por el Sputnik, pero de esto hablaré otro día. Hoy de lo que quiero hablar es de la aplicación de sus métodos en 1896 en Chicago, donde se creó la escuela conocida como "Escuela Dewey".

En la escuela de Dewey el núcleo de la jornada escolar no era la clase, sino la "ocupación", porque, de acuerdo con sus postulados pedagógicos, antes de teoría el niño necesitaba práctica. A medida que se fuera implicando en la resolución de problemas prácticos cada vez más complejos, iría descubriendo la necesidad creciente de conocimiento teórico. Habría, pues, un camino que podríamos llamar "natural" de la práctica a la teoría que el niño recorrería sin demasiadas dificultades si las "ocupaciones" estaban bien diseñadas. La misma vida en común en la escuela era concebida como una ocupación en la convivencia democrática.

Es importante tener en cuenta que estas ideas son de finales del siglo XIX, es decir, tan antiguas como la misma escuela. La polémica entre los métodos pedagógicos se encuentra viva en cada momento de la historia de la pedagogía. Los que intentan contraponer una escuela antigua a una escuela nueva o moderna simplemente saben poco de historia de la educación.

Los alumnos que se acogían a pedagogías como las de Dewey solían pertenecer a familias liberales acomodadas. En el caso de la Escuela de Chicago, eran hijos de profesores de la universidad. También es importante tener en cuenta esto, porque cuando se habla de comprensividad se tiende a ignorar que la misma posibilidad de un trato equitativo para todos los niños, depende del grado de complejidad de la población escolar. Cuanto más heterogénea sea ésta, más difícil será aplicar métodos comprensivos. Las razones son obvias. Las consecuencias, sin embargo, no lo son tanto. La teoría de la comprensividad fue elaborada en contextos socio-culturales muchísimo más homogéneos que los presentes (en la Inglaterra y la Suecia de los años setenta) .

Volvamos a la Escuela de Dewey. Los alumnos pertenecían a familias liberales y cultas, por lo cual accedían a la escuela con un bagaje de conocimientos bastante amplio. Aquí podríamos hablar de los famosos "conocimientos previos". Una pedagogía fundada en los conocimientos previos de los alumnos, no condena a los más desfavorecidos a la ignorancia? Pero esta es también otra cuestión.

Lo que me interesa resaltar en este apunte es que, a pesar de las condiciones tan favorables, la experiencia de la Escuela de Chicago fue un fracaso, cosa que normalmente se ignora en los manuales de historia de la pedagogía. Ni los muchos recursos materiales, ni la implicación de los padres en el proyecto, ni el elevado nivel cultural de las familias, ni el hecho de que hubiese un profesor por cada cuatro alumnos lo impidió.

Todo el optimismo pedagógico de Dewey se estrelló contra la realidad de las relaciones humanas. Fue totalmente incapaz de prever, y mucho menos de resolver, las divergencias que surgieron muy pronto entre los profesores... por el control de la escuela. Sobre estas cuestiones cualquier profesor en activo sabe infinitamente más que cualquier teórico de la educación.

Los enfrentamientos internos acabaron con la expulsión de una de las profesoras, Alice, que curiosamente era la mujer de Dewey. Y el resultado inmediato fue que el optimista antropológico Dewey se sintió despechado, dimitió de su cargo como orientador de la escuela y, para dejar bien clara su postura, se trasladó a la Universidad de Columbia.

En definitiva: Todos los estudiantes de pedagogía han oído hablar de lo moderno que es Dewey. Pocos han estudiado el fracaso de su escuela. La culpa, ya se sabe, es fea, y por eso no la quiere nadie.

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El hombre del multiforme

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La vida, tan caprichosa ella, se ha empeñado en los últimas días en ilustrarme sobre Eugeni d'Ors.

Todo empezó el lunes de la semana pasada, cuando me compré un ensayo orsiano inédito que se acaba de publicar, La curiositat, con el que aparecí en la librería La Central el jueves, camino del Cincomonos. El Cutillas me lo vio y nos liamos a hablar del filósofo, recordando su aspiración a ser Goethe. Yo le conté unas cosas y él me contó que Franco le negó una visita que le había prometido y d'Ors, un poco despechado, comentaba así su frustración: "Es posible que yo no sea Goethe, pero él tampoco es Napoleón". Recordemos que en 1791* Napoleón recibió a Goethe en Erfurt con estas palabras: "¡He aquí un hombre!"

El martes 3 me enteré, gracias a una conversación cruzada en las puertas del IESE, que lo del desplante franquista sucedió en Pamplona, a donde había llegado d'Ors, procedente de París, a mediados de 1937. Aquí, en Pamplona, empezó a publicar su Glosario en el Arriba España. Así que durante unos meses fue el Goethe de Iruña. Me aseguraron también que sus palabras exactas fueron: "Es posible que yo no sea Goethe... Pero, 'recollons', tampoco él es Napoleón".

Una de las primeras cosas que hizo d'Ors en Pamplona fue afiliarse a la Falange siguiendo el ritual de la vela de armas, en la iglesia de san Agustín. Junto a él pasaron la noche en vela Laín, Torrente, Rosales y Ridruejo. Si lo que pretendía era elevar la anécdota a categoría, no hay duda de que puso su empeño en ello.

Esta mañana ha caído en mis manos por pura casualidad un viejo artículo de Francisco Umbral en el que cuenta que d'Ors deseaba que su gran frase a la hora de su muerte fuese: "¡Ay, que me desgloso!".

Cuenta también Umbral que cuando finalmente pudo visitar a Franco, no en Pamplona, sino en Salamanca, se mandó hacer "un uniforme heterodoxo y como churrigueresco, pero en heroico", porque, según se justificó ante los escandalizados falangistas, "me gustan los uniformes siempre que sean multiformes".

* Ver comentarios.

Nota: ¡Vaya por Dios! Hoy, día 6, me han asegurado en Gurb, cerca de Vic, que la ciudad protagonista del encuentro fallido entre el filósofo y el dictador no fue Pamplona, sino Sevilla.



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Las 200 mejores universidades del mundo

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Times Higher Education-QS World University Rankings 2009
Top 200 world universities


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La higiene del alma

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"La higiene del alma -decía el pedagogo Joan Bardina- o, lo que es lo mismo, el esfuerzo y la lucha emancipadora"

Joan Bardina fue director de "L'Escola de Mestres" de Barcelona a principios de siglo. En sus "Mandamientos del buen maestro" recomendaba lo siguiente: "No te conformes con el status quo. Ten ilusiones, maquina proyectos, pugna por realizarlos." Y concluía con esta sentencia: "Maestro sin vocación, es la vida más desgraciada e insoportable que se pueda imaginar."
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