domingo, 1 de febrero de 2026

Un lento descenso hacia la barbarie

David Brooks sostiene hoy en un muy contundente artículo en el NYT que la herida cultural más grave de nuestros días ha sido la pérdida de un orden moral compartido y de ella nosotros mismos somos culpables porque llevamos décadas diciendo a los jóvenes que sean autónomos, que creen sus propios valores individuales y que elijan su forma de vida de acuerdo con sus deseos. En definitiva, le hemos propuesto la privatización de la moralidad y el resultado ha sido la desarticulación moral de la sociedad. Hemos tirado por la borda los consensos sobre lo bueno, lo bello, lo justo, lo verdadero... y hemos convertido el constructivismo en la religión laica del presente. De esta manera erosionamos la cohesión social y la confianza, que es el principal capital social de una comunidad. No compartimos la admiración por unos héroes comunes, unas referencias culturales comunes, unos ejemplos morales comunes «y cuando eso desaparece, la ansiedad, la atomización y un lento descenso hacia la barbarie son los resultados naturales».

sábado, 31 de enero de 2026

It's time to think

Tras comer con Carlos Losada en el Gran Marina, enfilé hacia Gerona. Como oscurece pronto, la ciudad me recibió en esa hora triste en que se vuelve del trabajo y de la escuela con pintas de derrotado por la reiterada mecánica vital, pero la impresión se desvaneció en cuanto volví a las calles de la ciudad antigua. Es admirable cómo resiste lo viejo y qué anodinos son los barrios nuevos. Pueden ser cómodos y funcionales, pero carecen de personalidad. Son los mismos en todas las ciudades. Lo más sorprendente es que los barrios viejos soportan muy bien la renovación constante, mientras que el futuro colectivo de los nuevos es el escombro. Me gusta pasear solo y sin rumbo claro, atendiendo a los mil detalles y destellos de las cosas humanas. A las 20:30 tenía una cita con la magnífica gente de It's time to think, para un Thinkglao en Stephouse Girona. Con estos jóvenes hay que colaborar. Sí o sí. Sus ganar de hacer cosas interesantes y su decisión valiente de llevarlas a la práctica con un rigor alegre es admirable. Les hablé de la lectura como medio de refutar el constructivismo. Si se nos dice que todo, desde el clima hasta el género, es una construcción social, leamos y comprobaremos nuestras afinidades con los grandes hombres del pasado. Si existen, es decir, si encontramos en las páginas de un autor antiguo palabras que nombran con precisión lo que nos pasa, entonces ese autor nos conoce bien. Puede ser, incluso que sepa de nosotros cosas que nuestro tiempo tiende a ocultarnos. Entonces nos conocería mejor de lo que nos conocemos a nosotros mismos. Si Platón o San Agustín nos informan bien de lo que somos, entonces es que hay permanencias antropológicas. Leí versos de Lope y sonetos de Quevedo y hablamos de Heidegger,  Dostojevski y el Quijote. Creo que cumplí con mi papel. Salí de Gerona rápidamente porque mi mujer volvía de Pamplona en tren. Llegué a la estación de Sants con la lengua afuera, pero puntual.

viernes, 30 de enero de 2026

Un andaluz no puede ser nihilista

Estoy releyendo Memorias del subsuelo y tengo que ir a lo ratonil, mordiendo poco a  poco y masticando bien para poder ir tragando. Había leído este libro/ensayo, premonitorio del existencialismo hace ya unas cuantas décadas, pero el verano pasado, releyendo también Juan de Mairena, me di cuenta de la deuda enorme que tenía contraída Antonio Machado con Fiódor Dostoievski, y ahora estoy leyendo las Memorias tan de otra manera que es como si las leyera por primera vez. Quizás sea este el signo distintivo de un clásico: que siempre que te enfrentas a él chocas con su novedad. La diferencia entre Mairena y el narrador anónimo de Memorias del subsuelo es la que hay entre un nihilista andaluz y un nihilista ruso. Un andaluz, por mucho que lo intente, no puede ser nihilista. Hay en Andalucía demasiada luz. Podrá creer que lo es, pero su creencia no será más que un ejercicio de la voluntad, un empeñarse en dar la espalda al chisporroteo de la vida. Un nihilista casi no tiene otra manera de serlo que naciendo en Rusia, en los inviernos gélidos y eternos, a 40º bajo cero, donde la vida enmudece bajo el frío. El nihilismo es el exceso de penumbras. Esta referencia a la luz andaluza y a las penumbras rusas es, en realidad, una referencia a dos estados de ánimo opuestos y el existencialismo se toma muy en serio los estados de ánimo como el estar del ser.

jueves, 29 de enero de 2026

Quererse es mejor

Iba ayer por la mañana caminando tan ricamente de la estación de Sants al convento de los capuchinos de Sarrià, mientras por los auriculares sonaba a todo trapo La Gran Vía, del insigne Chueca, y al llegar a la Diagonal recibí un mensaje de un amigo con, entre otras, dos frases terribles: La primera, de Chejov: «Si tienes miedo a soportar la soledad, no te cases»; la segunda, (posiblemente) de mi amigo: «Cuando un matrimonio se grita, no se está gritando lo que parece, sino ¡No eres suficiente para mí!». Y me rebanó de golpe la alegría de la mañana. A partir de ese momento me pasé el día rumiando. Por la noche, mientras sobrellevaba mi reincidente condición de Rodríguez, pensaba que la soledad no depende de las distancias físicas, sino de las afectivas. Es mayor cuanto más sientes que te ignora la persona con la que intimas. No sé si habrá alguien que se sienta solo ante una persona que le resulta indiferente (aunque estos días estoy releyendo Memorias del subsuelo y me siento predispuesto a creer que nada inhumano nos es ajeno). Sí, hay momentos de soledad profunda en la cotidianeidad de un matrimonio y son mayores cuanto más te tomas en serio a ti mismo. La ironía, sin embargo, parece ser un privilegio de la experiencia. Los años de convivencia te van enseñando que la vida en pareja está plagada de saltos emotivos hacia los extremos. ¿No era Jung el que decía que ninguna teoría sobre el alma te sirve cuando te asomas al alma de alguien concreto? Con la edad descubres que la trayectoria importa más que los meandros, por grandes y retorcidos que sean estos. Respecto al «no eres suficiente para mí» que a veces insinúa nuestro narcisismo (que da por supuesto que la otra persona ha de amarte exactamente como tu crees que debieras ser amado), no me parece más doloroso que el "no soy suficiente para ti", con el que a veces nos hiere nuestro sentido de la realidad. Es esta conciencia de la propia insuficiencia la que te lleva, finalmente, a descubrir que comprender al otro es una tarea quimérica, pero que la incomprensión no importa. Quererse es mejor.

miércoles, 28 de enero de 2026

Dos tesis provocadoras

Leía recientemente esta provocadora cita de Jonah Goldberg: «El culto a la juventud representa la peor forma de política identitaria y populista». Si tenemos en cuenta el culto a la juventud promocionado por las grandes tiranías del siglo XX es difícil no darle, al menos, algo de razón. Pero ayer me encontré con una reflexión mucho más provocadora de Helen Andrews que, lo confieso, me atrevo a traer hasta aquí solo porque su autora es una mujer. En esencia, Andrews sostiene que feminización = wokización. Le cedo la palabra: «Todo lo que llamamos "woke" —empatía más que racionalidad, seguridad más que riesgo, cohesión más que competencia, inclusión más que libertad de expresión— es simplemente el resultado natural de la progresiva feminización de las instituciones desde los años 70». Recoge Andrews encuestas que parecen mostrar que «aproximadamente dos tercios de los hombres priorizan la libertad de expresión, y aproximadamente dos tercios de las mujeres priorizan una sociedad inclusiva. Los hombres se inclinan hacia la "ética de la justicia" (reglas/hechos), mientras que las mujeres lo harían hacia la "ética del cuidado" (contexto/relaciones/emociones)». Las mujeres se orientarían por las emociones y los hombres por reglas objetivas.

martes, 27 de enero de 2026

Futurizando

Me siento como un coche atrotinado, cargado de kilómetros, que siempre está pidiendo alguna reparación y cuando lo arreglas por aquí se te rompe por allí. Ayer estuve en Can Ruti, el remoto megahospital de Badalona en el que es imposible aparcar. Tenía que someterme a una epiluminiscencia. ¡Hay que ver qué poca cosa es un hombre de mi edad en calzoncillos siendo examinado milimétricamente por médicos que parecen recién salidos de la adolescencia. Fui en tren hasta Badalona y empalmé con un autobús hasta Can Ruti. Por el camino asistimos a un atropello de una mujer en un paso de cebra por parte del conductor de una furgoneta que quiso darse a la fuga. La atención en el hospital es muy profesional. Gente amable y eficiente. Cuando a mediados de diciembre me operaron del menisco de la pierna izquierda pedí, al salir, el libro de felicitaciones. No tenían. Solo disponían del de reclamaciones. Les dije que quería dejar constancia de mi alegría por haber sido tratado como un adulto. Punto y seguido. Vuelvo a ir a Badalona. Hoy me toca examen neurológico, que es lo que me ha pedido el otorrino que lleva el caos de mi oído interno. El mundo sigue adelante y mi agenda se va llenando de citas médicas. Lo constato. No me quejo. De hecho creo que tengo una enorme suerte por mantenerme activo (a veces hiperactivo) mientras eludo a los del camión escoba. Continuo futurizando.

lunes, 26 de enero de 2026

Hoy toca cantar

«El pensamiento libre proclamo en alta voz y muera el que no piense igual que pienso yo». Manuel Fernandez Caballero, zarzuela «La marsellesa» (1876).

Un lento descenso hacia la barbarie

David Brooks sostiene hoy en un muy contundente artículo en el NYT que la herida cultural más grave de nuestros días ha sido la pérdida de u...